Hace poco se inicio una manifestación por parte del sector artístico de México en donde se clama la voz de las víctimas de la inseguridad en el país, este sector apoya las campanas de paz que profesan Javier Sicilia y Emilio Álvarez Icaza. Sin más preámbulos los dejo aquí con el video y con la siguiente información.
Y ojala nos ayude a recapacitar y empezemos a preocuparnos por los demas.
Thursday, February 2, 2012
En los zapatos del Otro - El tiempo se acaba.
Monday, December 5, 2011
En verdad son un partido nuevo y renovado o me estan cuenteando.
Wednesday, October 12, 2011
Puede ser, a lo mejor, quien sabe. PROVICTIMA
Thursday, August 4, 2011
SI TE VIENEN A CONTAR COSITAS MALAS DE MI ........
Tuesday, June 14, 2011
Caravana por la paz - Cd. Juárez - Chihuahua
Monday, February 21, 2011
Quien dijo que México es racista ?
Friday, January 28, 2011
Hay que promover el turismo señores ¿Pero cómo?
Sunday, November 21, 2010
Ahora resulta que ya no podemos viajar por carretera y mañana que seguirá.
Saturday, October 30, 2010
Las rutas del diablo o mejor dicho del narcotrafico, pero que se esta haciendo al respecto ?
Saturday, August 21, 2010
HEROES DESCONOCIDOS CON GRAN DETERMINACION
Hace tan solo unos dias, me llego a mi correo personal un email en donde se informaba de una organizacion "The Goldman prize organization", en la cual se hacia mencion de un senor llamado Jesus Leon Santos, quien fue el ganador de dicho premio en el 2008. Y segun este correo el gano el premio por parte de esta organizacion no gubernamental por sus esfuerzos ecologicos de salvar una parte de la Sierra Mixteca de los valles de Oaxaca. Tuesday, July 13, 2010
Violencia = Exodo hacia los E.U.
Regresando de nueva cuenta, me encuentro con esta triste nota de periodico la cual, explica de manera realista la cruel forma en que las familias mexicanas del norte del país, se estan yendo hacia los E.U. Y todo gracias al ambiente de inseguridad y violencia que existe no solo en la frontera norte sino en la mayor parte del territorio mexicano. Sin embargo hay un secreto a voces que dice, que solo hay un Estado de la Republica en donde no pasa nada, pues dicen las malas lenguas que las familias de los narcos tienen un pacto de no agresion, pues es ahí en donde todas sus familias habitan. Sera verdad, sera mentira, pero mientras se saca la verdad a la luz del día, ese Estado dice ser el numero 1 en la creacion de empleos. A ver si le atinan a que Estado me refiero. Un tip es "no sean pame" e investiguen.
Es por eso que he decidido poner este articulo tomado integramente del Diario del Universal.
En busca de un hogar en paz
Lunes 12 de julio de 2010 Thelma Gómez Durán / Enviada | El Universal
Hace cien años la Revolución expulsó del país a muchos mexicanos: ahora miles huyen del crimen organizado
El Porvenir, Chih.— Una casa sin techo y con paredes azules llenas de hollín da la bienvenida a quienes llegan a El Porvenir. Hasta hace poco la casa estaba habitada; esa es la impresión que da la herrería que aún cubre puertas y ventanas. No es la única construcción que luce así. En estas tierras del Valle de Juárez, las casas quemadas forman parte del paisaje. Sus moradores huyeron. Dejaron muebles, ropa e historia. Se fueron por miedo. Los que se quedaron casi no salen de sus casas. Para ellos su pueblo se convirtió en un lugar triste y desolado. El porvenir, el otro, lo miran con temor.
Las casas quemadas son la imagen más cruda de un fenómeno que, en forma silenciosa, está cambiando el rostro de varias regiones de México: los desplazados por la violencia que genera el narcotráfico. Personas, familias enteras que huyen de los secuestros, de las extorsiones, de los enfrentamientos entre cárteles, del “fuego cruzado”, de las zonas controladas por el crimen organizado, de la falta de protección.
Tan sólo en Chihuahua, sobre todo en la zona de Ciudad Juárez y el Valle de Juárez, “se habla de más o menos cien mil desplazados”, asegura Gustavo de la Rosa Hickerson, defensor de derechos humanos. Estadísticas de la policía de El Paso, Texas, señalan que cerca de 30 mil mexicanos han cruzado la frontera hacia Estados Unidos por la violencia, en los dos últimos años.
El Valle de Juárez —área rural localizada al oriente de Ciudad Juárez— es una de las zonas en donde el desplazamiento por la violencia es más evidente. En 2007 se calculaba que había cerca de 22 mil habitantes. Rodolfo Rubio Salas, investigador del Colegio de la Frontera Norte y especialista en estudios de población, cuenta que hace unos meses se realizó una encuesta sobre salud en la zona. “Fue muy difícil hacerla. Nos encontramos con muchas casas abandonadas. En algunos pueblos hasta 40 ó 50% de la población se había ido”, asegura el investigador.
Félix Vélez Fernández, del Consejo Nacional de Población (Conapo), dice que no existe un “desplazamiento masivo” provocado por el narcotráfico: “No creo que el número de desplazados sea significativo”.
No es la primera ocasión en que los mexicanos son desplazados por una guerra. Una imagen similar a la que ahora se observa en el Valle de Juárez es, quizá, lo que se miró en varias comunidades del país hace cien años, cuando la Revolución dejó pueblos solitarios, con casas quemadas y campos abandonados. Ahora no es la Revolución la que los expulsa, es el crimen organizado el que provoca el éxodo.
“Práxedis era un pueblo bonito. La vida era tranquila, por donde quiera andaba uno. Las plazas estaban llenas de gente y ahora... muertos, secuestros. Ya hasta me acostumbré a ver muertos. Primero se miraba uno, pero después seguía uno viendo. Uno se va acostumbrando...”
Pedro, 73 años, desplazado de Práxedis Guerrero
La carretera Juárez-Porvenir lleva a los cerca de diez poblados del Valle de Juárez. Ésta es una vía que corre junto al río Bravo y que comunica a los municipios de Ciudad Juárez, Guadalupe y Práxedis Guerrero.
Sara Salazar llegó a vivir al Valle de Juárez en 1967. Entonces, dice, “había trabajo en la pizca de algodón. Llegaba mucha gente a trabajar”. La zona también sobresalía por sus árboles de nogal y sus campos verdes, cobijados por la sierra de Guadalupe. Este paraíso comenzó a cambiar cuando las aguas negras de Ciudad Juárez comenzaron a llegar al valle.
Gracias a su ubicación, el Valle de Juárez se convirtió en lugar estratégico para el crimen organizado. Se trata de una amplia área localizada justo en el centro de la frontera de México con Estados Unidos. A la altura de los poblados de Guadalupe y El Porvenir hay dos garitas vigiladas por no más de tres elementos de la patrulla fronteriza.
Una de las tantas historias que se cuentan en estas tierras —pero que hasta ahora ninguna autoridad se atreve a confirmar— es que detrás de los cerros de la sierra de Guadalupe hay pistas de aterrizaje clandestinas.
A finales de los 90, los pobladores comenzaron a mirar que sus pueblos cambiaban. Al lugar llegaban hombres que no eran de la región. Comenzaban a verse casas nuevas. También otras costumbres. Por ejemplo, el afán por comprar camionetas Lobo del año, tener gallos de pelea, usar camisas llamativas y llevar cadenas de oro.
Estos cambios no aliviaron la falta de empleo. En 2007, según el Plan Municipal de Desarrollo de Práxedis Guerrero, 40% de la población no tenía trabajo. La delincuencia ya era vista como un problema: “La principal demanda de los habitantes es la falta de presencia de cuerpos policiacos... la falta de equipamiento en seguridad”, se alertaba entonces.
Fue a finales de 2008 cuando la violencia provocada por el narcotráfico se incrementó en la zona, sobre todo en poblados como San Agustín, Guadalupe, Práxedis y El Porvenir.
“Cuando bajaba el trabajo y no había dinero, uno decía ¿por qué? Porque no están trabajando los narcos, decían”. Sara Salazar, de 75 años, recuerda que la violencia se desató en el Valle hace tres años. Comenzaron los secuestros, las extorsiones, los asesinatos.
—¿Qué desató la violencia en el Valle de Juárez? —se le pregunta a Gustavo de la Rosa
—Existe una guerra muy fuerte entre los cárteles. Primero, su estrategia era perseguir y ejecutar a los miembros activos del cártel enemigo, pero como no podían terminar uno con el otro comenzaron a perseguir a sus familiares, amigos o simplemente a las personas que los conocían.
Una respuesta similar tiene Ruth, como quiere que se le llame. Ella nació en Guadalupe y creció en Práxedis: “Dicen que es por un pleito de cárteles, que se quieren quedar con la plaza”.
Rodolfo Rubio Salas, del Colegio de la Frontera Norte, asegura que el Valle de Juárez es una zona de operación del crimen organizado. “Por ello, los que viven ahí han sufrido tanto el embate de las extorsiones como los secuestros y los asesinatos”, afirma.
“La gente comenzó a irse cuando empezaron a ocurrir los asesinatos. A veces mataban a fulano y nosotros decíamos: ‘¿pues éste qué hizo?, si era buena persona, trabajadora. Se dedicaba a su familia’. Muchas preguntas nos hemos hecho: ¿por qué a él?, ¿por qué a ellos?, ¿por qué a mi hija?...”
Sara Salazar, 75 años, huyó de Guadalupe
El 3 de enero del 2010, Josefina Reyes, hija de Sara Salazar, fue asesinada en el valle. Josefina era defensora de los derechos humanos en Chihuahua. Vivía en Guadalupe y era conocida por denunciar los secuestros, violaciones y asesinatos en contra de mujeres. En algunos casos, señaló como responsables a personas identificadas como narcotraficantes. También denunció los abusos militares que ocurrían en Chihuahua.
Ella forma parte de las estadísticas negras del valle. En lo que va del año, han asesinado a por lo menos cien personas en la región.
Uno de los últimos que se sumó a la lista de asesinados es el alcalde de Guadalupe, Jesús Manuel Lara Rodríguez.
El 20 de junio pasado lo mataron a las afueras de su casa en Ciudad Juárez, donde se había refugiado. Él también era un desplazado. El alcalde de Práxedis Guerrero también lo es. Hace mucho que no vive en el poblado. Se fue cuando amenazaron a todos los empleados de la presidencia municipal, desde regidores hasta secretarias. En estos pueblos tampoco hay policías.
Los profesores que viajaban a la zona “ya no quieren ir”, asegura el investigador Rodolfo Rubio Salas, del Colegio de la Frontera Norte. “Eso tiene consecuencias sociales. Podría desencadenar el cierre de escuelas y que las actividades cotidianas se vayan deteriorando, a tal grado que no existan las condiciones mínimas para que estos pueblos sigan funcionando”.
“Uno no se va porque deba algo, sino que tenemos miedo de que nos pase algo por accidente, como ha sucedido. Que se equivoquen... En Práxedis mataron a un tío. Iban sus hijos y su esposa con él. Sus hijos lloran mucho... Ellos también se fueron a vivir a Ciudad Juárez...”
Ruth, 20 años, se fue de la localidad El Porvenir
En abril del 2010, la violencia en el Valle de Juárez llegó a niveles impensables. Fue entonces que un grupo de pobladores circularon en redes de internet una carta, dirigida al presidente Felipe Calderón Hinojosa, al secretario de gobernación Fernando Gómez Mont, al gobernador de Chihuahua José Reyes Baeza y al embajador de México en Estados Unidos, Arturo Sarukhán.
“En los pueblos del Valle de Juárez se vive el terror cotidiano. Una serie de ejecuciones, masacres y quemas de domicilios y negocios se han generalizado por toda la región... Las personas son asesinadas en las calles, en sus propias casas y ahora en los mismos funerales donde son velados los cuerpos, sin que nadie pueda detener la masacre. Existe un verdadero éxodo de familias que ya han abandonado sus casas, pero aún quedan muchas personas en el valle que no tienen otro lugar a donde ir. Exigimos que se auxilie de manera inmediata a la población. Que se asigne vigilancia y se garantice la seguridad de los habitantes del valle”.
Fue también a principios de abril pasado que el gobernador de Chihuahua aseguró que se realizaría “un censo para saber cuántos se han ido y ofrecerles garantías para su regreso”. El ofrecimiento sólo quedó en promesa.
El Porvenir vivió uno de sus peores fines de semana entre el 22 y 25 de abril. El jueves 22 aparecieron mantas donde se amenazaba a los habitantes. Se les pedía que salieran del pueblo, pues de no ser así, los matarían. Ese fin de semana muchos salieron. “Era impresionante la cantidad de pickups y vans con colchones en el toldo. Era una caravana que huía del valle”, recuerda Luis Ramos, representante del gobierno de Veracruz en Ciudad Juárez.
No era la primera amenaza que recibía la gente de esos lugares. “Pasaban trocas y aventaban hojas en diferentes pueblos del Valle, en Guadalupe, en Práxedis, en Colonia, en todo el valle... las hojas tenían la lista de la gente que quieren matar. Escribían el nombre, el apodo. Decían que la familia entera, también”, cuenta Ruth.
Buena parte de los desplazados del Valle de Juárez cruzaron el Río Bravo y se establecieron en territorio texano. Los demás recursos se fueron a El Paso; la mayoría vive en pequeños poblados como San Elizario, Fabens, Tornillo, Clint o Fort Hancock.
“¿Qué dejé allá? A mi familia, a mis amigos, mis costumbres. Aquí es una vida diferente: es difícil encontrar amigos, casi nadie sale. Ahora siempre estoy en casa. No salgo porque tengo miedo de que la migra me agarre. Yo no tengo papeles”.
Ruth, se refugia en Fort Hancock, Texas
El sol del desierto de Texas cae sin recato. La temperatura de 39 grados centígrados tiene a los cerca de dos mil habitantes de Fort Hancock resguardados en sus casas. Silvia Chacón trabaja en su pequeña oficina localizada atrás de la iglesia católica. Es monja, aunque no lo parece porque viste tenis; en su auto lleva calcomanías con leyendas como “The war is not the answer”. Desde hace 7 años vive en Fort Hancock y ha visto cómo han llegado nuevos habitantes a este pequeño pueblo, localizado a 57 kilómetros al sureste de El Paso.
“Fort Hancock ha recibido a gente de allá... A veces llegan con familia que tienen aquí. Otros llegan por un corto plazo y siguen más adelante. Como la señora a la que le mataron a su esposo. Ella y su hija se fueron hacia Napa... Llegan con lo poco que pueden sacar”.
A Silvia Chacón le preocupan, sobre todo, las mujeres y los niños. Ellos, dice, son los que están sufriendo más por los desplazamientos. “A las mujeres, si les matan a los hijos, tienen que cargar ese pesar. Si les matan a los esposos son las que tienen que ver cómo mantienen a los hijos y explicarles por qué no está su papá; por qué no pueden salir a la calle, por qué se tuvieron que cambiar, por qué no tienen qué comer”.
Muchos de los que llegan, cuenta Silvia Chacón, consiguen trabajo con los mismos vecinos o con “los rancheros” que siembran alfalfa. “Antes muchos de nosotros cruzábamos y comprábamos las cosas allá, porque era más barato; pero ahora ya no vamos”.
Como parte de las actividades comunitarias de la iglesia, Silvia Chacón organiza terapias de reiki. En una de las sesiones, dos de las nuevas residentes comenzaron a llorar sin control. Ellas son de El Porvenir. Fue entonces cuando Silvia solicitó a la diócesis de El Paso que enviara a Fort Hancock “consejeros” para atender a los desplazados por la violencia en México. Los psicólogos aún no han llegado.
Los que sí han recibido “consejería” (ayuda psicológica) son los niños. Desde agosto del 2009 hasta junio pasado, 55 alumnos nuevos, de todas las edades, llegaron a esta comunidad. “La mayoría entró (a la escuela) en marzo y abril pasados”, cuenta José Franco, superintendente del distrito escolar de Fort Hancock, un hombre de aspecto rudo que gusta de mascar tabaco y que se conmueve cuando habla de los niños mexicanos que llegaron al poblado.
“De los 55, 40 llegaron porque sus familias huían de lo que está pasando en México. Mire, tan sólo anoche quemaron otra casa en El Porvenir, desde aquí se veía el humo”.
En las escuelas de Texas admiten a todos los estudiantes menores de 18 años, no importa en qué situación migratoria se encuentren.
Casi todos los niños, dice José Franco, cuentan lo que han visto en las tierras mexicanas: “A sus padres los han amenazado o han matado a alguien conocido. Algunos viven con sus tíos o abuelos”. Sólo hay un estudiante que no quiere hablar. “Tenemos uno, como de 15 años, que pidió estar solo. No quiere que los demás alumnos le pregunten qué pasó con su familia”.
“Hay niños que van al catecismo y están con mucha energía, como muy alterados. A veces me dan ganas de abrazarlos y decirles: ‘¿qué traes? ¿qué pasa?’... Hace poco me enteré que esos niños habían cruzado de allá y que les mataron al abuelo”
Silvia Chacón, encargada de la iglesia de Santa Teresa en Fort Hancock, Texas
José Franco también se encarga de una de las ambulancias del pueblo. Recuerda que hace unas semanas recibió un llamado de los policías encargados de la estación fronteriza de Fabens. “Hasta ahí llevaron a un hombre que venía de Guadalupe y tenía como 20 balazos...”. Pasando la línea fronteriza, en territorio estadounidense, cualquier persona herida tiene derecho a la atención, tenga papeles o no.
En las reuniones con funcionarios de diversos departamentos de justicia de Estados Unidos, el superintendente escolar y paramédico ha escuchado que, por lo menos, se necesitarán diez años “para que se compongan las cosas” en la frontera con México. “Diez años es una eternidad. ¿Te imaginas el número de niños que van a crecer viendo esto, que se harán adultos? Es mucho tiempo; algo se necesita hacer”.
Carlos espera que sus padres puedan pronto salir de El Porvenir. Él es ciudadano estadounidense. Hace 18 años nació en Fort Hancock, aunque creció en el Valle de Juárez. “Ya he perdido a la mitad de mis amigos. Una parte ha muerto, los han matado. Los otros ya se fueron, huyeron”. Hace casi un año que Carlos dejó El Porvenir. Una de las cosas que más extraña de su vida en el Valle es jugar básquetbol con sus amigos. “Uno ya tenía miedo de ir a jugar porque un día llegaron y mataron a los que estaban... Pasan cosas así y qué casualidad que los soldados no están. Está muy raro eso... No hay policía en la calle, no hay soldados”.
“El Valle de Juárez es como una zona de batalla. Se me hace que es peor que si se está en Irak. Mis amigos (estadounidenses) que se han ido a la guerra me han dicho que está peor acá. Allá siquiera están protegidos por el gobierno de Estados Unidos, pero acá nadie nos protege”
Carlos, 18 años, nació en Fort Hancock y creció en el Valle de Juárez
El único retén del ejército que se encuentra en el Valle de Juárez está antes de llegar a San Isidro, uno de los pueblos más cercanos a Ciudad Juárez. Después de ese retén, no hay más vigilancia ni operativos de la Policía Federal, a diferencia del patrullaje que se observa en la metrópoli.
Sólo en El Porvenir, a más 80 kilómetros de Ciudad Juárez, hay un pequeño puesto del ejército. Escondidos detrás de una muralla construida con costales de arena, cuatro soldados miran pasar a los desconocidos. A tres minutos de ahí, antes de llegar a la garita de Fort Hancock, diez soldados se encargan de revisar, con un detector de armas, los autos que entran a territorio mexicano.
En el Valle de Juárez, explica el investigador Rodolfo Rubio Salas, la gente se siente más desprotegida porque los programas de vigilancia no se han llevado de manera tan intensa como en Ciudad Juárez.
Rubio Salas recuerda que cuando se dieron las reuniones con los funcionarios federales para poner en marcha el operativo Todos Somos Juárez, la sociedad civil solicitó que las acciones no sólo se concentraran en Ciudad Juárez; se pidió que se incluyera el valle. “Esa zona está abandonada en términos de estrategias y de programas de vigilancia para contrarrestar la inseguridad”.
Los pueblos del valle, advierte el investigador, tendrán sus horas contadas si no se toman acciones a corto y largo plazo que ayuden a terminar con la inseguridad que ahí se vive.
“Mi cuñada se fue de aquí con la niña. Se fue a otra ciudad de Estados Unidos. Cuando hablamos me pregunta: ‘¿ya se compusieron las cosas?’ Ella quiere regresar. Cuando hablamos es puro llorar”
Paloma, nació en El Porvenir y vive en Fort Hancock
Un día antes de la entrevista, Paloma llevó a su papá a un hospital de El Paso para que lo atendieran de urgencia. Tuvo una recaída por la depresión que sufre desde hace tres meses. En marzo pasado, el señor lloró la muerte de su hijo mayor, quien era representante ejidal. Lo mataron en El Porvenir, en su propia casa, frente a su esposa y su hija de ocho años. Desde entonces, los campos de algodón que atendía la familia están abandonados.
Los asesinos robaron el celular del ejidatario y “se dedicaron a llamar a todos los amigos de mi hermano; los amenazaron, les decían que se fueran del pueblo”, cuenta Paloma. La mayoría obedeció; a los pocos días quemaron la casa de algunos.
En estas tierras todos se preguntan ¿por qué queman las casas? Nadie tiene una respuesta; la mayoría cree que es una forma de decir: “ya no regresen”.
Paloma y su familia viven en uno de las tantas “casas rodantes” que se miran a las orillas de Fort Hancock. “Toda la gente que está aquí tiene historias muy tristes... A mi vecino le mataron a su papá... Allá están otros que llegaron de Colonia Esperanza, a ellos también les quemaron la casa”.
“Quisiera regresar a México, se me hace injusto que las personas que no debemos nada, tengamos que irnos.”
Ruth, 20 años, escapó de El Porvenir
Friday, April 30, 2010
Donde jugaran los niños ?
El clima de inseguridad que impera no solo en Chihuahaua sino en muchas otras ciudades que son peleadas por el crimen organizado, cuyo unico fin es el de controlar las rutas de distribucion de drogas hacia los Estados Unidos, han hecho de lo que fue alguna vez, un hermoso dia dentro de la provincia mexicana, lo conviertan ahora en un campo de batalla, en donde la inocencia de los niños, simplemente ha desaparecido.
Mientras el gobierno no impulse la educacion, programas sociales , areas deportivas, ofertas de empleo, todos estos niños que hoy dia ven la muerte de sus seres queridos y es a la vez un acto traumatico, el dia de mañana, veran la muerte como algo normal y no solo eso, sino que tambien veran que matar es una FALSA profesion redituable.
Sin embargo mientras todos estos sucesos sean realizados en las zonas olvidadas del país, dificilmente las autoridades haran algo, es decir mientras no se vean afectados los hijos de los politicos grandes, aqui "no pasara nada".
Incio de la Nota
“Mataron a cuatro; yo los vi, mamita”
Algunos han presenciado el asesinato de su padre o de vecinos; otros han visto balaceras. Una profesora de kínder resume la situación: “Los niños aquí son un cero a la izquierda”. De 2008 a la fecha, los menores infractores se han triplicado
Escribe tu resumen aquí.
Kowanin Silva / Vanguardia de Saltillo
El Universal
Viernes 30 de abril de 2010
CIUDAD JUÁREZ
Carmen vive bajo amenaza de muerte. Su pequeño de siete años, cada que lo va a regañar le dice: “Te voy a matar, mamá, te voy a matar”. Esto tiene más de una explicación. Julio tiene los ojos gigantes como de alguien que acaba de ver un acto de magia. Su gesto de asombro es de esperarse, todavía no se le cae el primer diente y ya vio sangre correr.
Fue hace un año que Jesús estaba jugando en su casa. El sonido de las balas que mataron a su vecino lo inquietaron. Pudo haber pensado que eran cohetes, pero sus papás salieron corriendo a ver qué había pasado. Ahí estaba Panchito tirado en el asfalto, pintado de rojo, como lo dibujaría después en la escuela.
“El niño se hizo muy retraído, durante dos meses no salía ni a la puerta, de repente me decía: ‘Mamita, yo no voy a salir a jugar porque me puede pasar lo mismo que a Panchito, ¿verdad?”, platica Carmen desde el sofá, donde descansa luego de haber llegado de la maquila.
Me abrió las puertas de su casa un poco temerosa, le dije que sólo quería platicar sobre cómo era ser mamá en Juárez y me dice que su niño ya no duerme igual, que desde lo de Panchito se despierta llorando y grita “tengo miedo”.
—¿Qué le dices, cómo le explicas?
—Lo abrazo, le digo que le rece a su ángel de la guarda, que él lo va a cuidar.
Dos meses después de lo que vio, Julio salió del encierro como quien carga un escudo de acero. Le duró poco. Otro día, en el trayecto de la escuela a su casa, algo falló en su armadura.
El camión escolar hizo una escala para recoger a otros niños en una estancia, segundos antes acababan de matar a cuatro. Julio no los hubiera visto de cerca, sino es que su maestra se puso a gritar y todos los niños se bajaron a ver.
“Mataron a cuatro, yo los vi mamita, ahí estaban tirados y todos llorábamos”, le dijo ese día a Carmen cuando le preguntó cómo le había ido en la escuela.
Desde entonces Julio va al psicólogo. Carmen sigue preocupada, porque hace dos días le escuchó jugar con su amiguito de la cuadra y le decía: “Yo voy a ser sicario y te voy a matar”.
Sicario, como uno de los hombres que acribillaron el pasado 30 de enero a los 16 estudiantes de la colonia Villas de Salvárcar. La masacre ocurrió a la vuelta de la casa de Julio, quien por suerte ya estaba dormido. Desde entonces los policías custodian la colonia y los niños juegan fútbol en la calle con las patrullas como escenario.
Por 30 pesos
Regresé a la zona poniente, esta vez a bordo de una camioneta cargada de G.I. Joe’s, que dan el recorrido de rutina en busca de pandillas.
Aseguran estar capacitados en tratar a los menores y cuando les pregunto cómo es que deciden a qué joven registran y a quién no, me dice uno de ellos: “Pues mire, como ese que va ahí con los pantalones aguados, ésos son los que regularmente andan mal”.
En eso todos bajan de la patrulla y se le van encima al muchacho. Su falta fue quizá caminar en la calle a las cinco de la tarde y tener finta de malandro.
Parece que estos policías especiales hacen efectivo un toque de queda desde que cae la tarde.
Mientras volvemos a bordo, Pinedo muestra el arma hechiza a la cámara y explica cómo hacer una:
“Estos tubos tienen un clavito en el interior que causan la detonación, los tubos son para hacer presión, al meter un tubo dentro del otro se da la explosión de la bala, éstas son las armas hechizas.
“Es muy fácil y muy económico, son tubos normales del agua, si mucho han de gastar 30 pesos para hacerla. Mandan soldar los tubos para que la presión sea fuerte y le ponen cinta de aislar para que no se les caliente. El clavo que le ponen adentro funciona como el martillo, ese es el mecanismo que dispara”.
¿Hay buena puntería?
“Sí, ellos se amacizan de los tubos y amarran el movimiento”.
—¿Qué alcance tienen?
—No mucho, igual que una arma verdadera, unos 50 metros, a veces usan hasta tubos más gruesos como escopeta que aguantan un calibre más alto”.
—¿Cuántas decomisan al mes?
—Estamos hablando de unas 15 más o menos, pues es que ya nomás ganan dinero y se compran una de verdad.
Me dice que quienes fabrican estas armas son jóvenes entre 14 y 15 años que apenas comienzan en la pandilla. En México, explica, portar una de estas armas es sólo una falta administrativa.
Ya en la Estación de Policía, Ricardo Tovar, el trabajador social, explica que de 2008 a la fecha, los menores infractores se han triplicado alcanzando 280 detenciones por semana, algo nunca antes visto en sus 17 años de carrera.
Me habla de un programa que se llama Jóvenes con Valor que trata de reintegrar en la sociedad a los menores. Es sólo un esfuerzo, él sabe bien cómo es la calle.
“Vemos a jóvenes de 14 años que ya están en el mundo de los sicarios, arrancándole la vida a otro ser humano cuando ni conocen qué van a hacer con la propia. Muchos ya están dentro de otro mundo o buscando cómo entrar, porque han visto en amigos y familiares el falso poder de comprar lo que les guste. Ven ese mundo como única opción para tener un futuro”, reflexiona.
Frágiles burbujas
“¿Se puede meter a los niños en una burbuja? le pregunto a Cinthia Álvarez, maestra de kínder, mientras observamos la nueva sensación de Plaza Misiones, el mall más grande de Juárez.
Se trata de un juego donde los papás pagan 30 pesos para que metan a sus niños en una burbuja de plástico que luego avientan a una alberca. La burbuja tiene oxígeno propio y los niños intentan ponerse de pie y caminar, pero el agua y la redondez de la burbuja los hace caer.
“Todos los papás quisieran eso”, me dice Cinthia, quien ha traído a la cita a su pequeño Gael de apenas un año, un bebé risueño que le extiende los brazos a todo el que ve pasar.
“Son niños de la calle o de cuatro paredes. Están en la casa todo el día encerrados o en la calle porque papá y mamá trabajan en la maquila”, me dice refiriéndose a sus alumnos de segundo grado.
Lo de la burbuja a Cinthia le parece imposible y lo comprobó con Iván, uno de sus alumnos que puso al kínder de cabeza el otro día.
Estaban en una dinámica de grupo y el pequeño soltó el llanto: “Mataron a mi papi en los González (un supermercado popular) maestra, le dieron un balazo en la cabeza”, dijo Iván así tan claro como si hubiera estado ahí y sus ojos recordaran la escena. El grupo enmudeció. Parecía como si de pronto el salón de clases se hubiera convertido en una sala funeraria. Los niños, de apenas cuatro y cinco años, le daban el pésame, lo abrazaban y lloraban junto con él.
Lo que Cinthia y las demás maestras se preguntaban aquél día en el kínder era cómo, si habían matado al papá un día anterior, él había ido a clases. No hallaban cómo manejarlo y esperaron a la mamá para platicarle lo sucedido. La señora, quien ese día vestía de negro, les dijo que nada era cierto, que su esposo estaba en el trabajo, que no entendía por qué su niño decía eso.
El kínder había entrado de un instante a otro, sin saberlo, en un déjavu. “El niño lloró, dijo que su hermanito estaba muy triste, así como si fuera algo que él vivió. No sabemos entonces si fue un sueño o un temor que el niño estaba proyectando”, dice Cinthia.
Mientras me deja pensando, el juego de la burbuja llega a su fin. Son sólo 15 minutos para que los niños vuelvan a respirar el oxígeno de la ciudad. La imagen de la pelota de plástico desinflándose tiene más sentido después de escuchar la historia de Iván.
Como es domingo, la alberca de burbujas está rodeada de decenas de papás entretenidos viendo a sus niños. Cinthia platica que así es frecuente ver a la gente alrededor de la escena de un crimen.
“Les da mucha curiosidad ir a ver un ejecutado, muchos papás no creen que a sus hijos les afecte, pero yo creo que les están quitando lo humano a los niños, el ver a alguien tirado ya es tan normal como ver a un animalito muerto.
“Antes no dejaban entrar a los niños a las funerarias, ahora ya no, ya los niños van a ver al ser querido dentro de una caja, maquillado, deformado, son imágenes muy fuertes. Ya saben lo que es un ‘encajuelado’, un ‘teipeado’…” cuenta.
Cinthia es de la ciudad de Chihuahua y está en Juárez, como muchos maestros, por una plaza docente mejor remunerada. Lleva siete años viviendo aquí, los mismos que lleva acumulando historias de terror que le cuentan los niños. La que más le duele me la cuenta cuando la visito en el kínder donde trabaja.
Un error
Karen tiene cinco años y perdió el brillo de sus ojos, así lo percibe Cinthia, quien seguido la escuchaba cantar en el salón de clases y la veía bailar con sus amigas en el recreo.
Por su mirada ausente, pensaría que a esta pequeña de mochila rosa y dos colitas adornadas con moños, Juárez la mató en vida.
Transcurría junio de 2009 y Karen pintaba un cuadro para el festival del Día del Padre, que organizaba la escuela. En esos días un vecino le había pedido a su papá que le fuera a arreglar una fuga que había en el medidor del agua.
Karen y su hermanita se encontraban en casa, cuando de pronto llegaron los vecinos gritándole a su mamá, así sin preámbulos, que habían matado a su esposo de un balazo.
Las niñas escucharon de un grito el fallecimiento de su padre y llegaron a la escena antes que la policía acordonara el área. “¿Qué voy a hacer con la pintura que le hice a mi papá, maestra”, le preguntaba Karena Cinthia días después de lo sucedido.
No había respuesta. Su papá había estado en el lugar equivocado. Lo confundieron con el dueño de la casa. Fue un error. “Los niños aquí en Juárez son un cero a la izquierda”, me dice Cinthia. Ella sabe que los más de 5 mil muertos que suma el gobierno tienen cicatrices.
Por eso en la entrada del kínder los niños han escrito con crayones mensajes para sus padres:
“Si vemos violencia nuestra mente la guarda”, “No me dejes ver los muertos”, “No me dejes ver los cholos”, son algunas de las peticiones.
Cuando me despido de Cinthia me dice que si le dieran a elegir se iría con Gael a otra parte, donde hubiera un mejor clima, mejores parques y tranquilidad.
Me confiesa que tampoco regresaría con sus padres a Chihuahua. Tenía razón. Días después de vernos me mandó un mensaje de texto que decía: “Acaban de secuestrar a mi primo en Chihuahua. No es justo”.
Fin de la nota
Thursday, April 15, 2010
Porque la economia mexicana no puede crecer ?
Si alguna vez, alguien se ha preguntado porque demonios no salimos del hoyo, cuando siempre hemos oido que México tiene todo para ser un país del primer mundo; bueno pues este enlace seguramente les hara abrir los ojos y lamentablemente les mostrara la realidad a la que estamos sujetos. Mientras los gobernantes sigan perdiendo el tiempo con sus tarugadas en la camara de diputados y senadores, discutiendo cosas banales, pues simplemente no pasara nada.
Aqui les dejo este video para que sepan y entiendan el porque nuestra economia no ha crecido y no crecera durante un largo tiempo.
Por razones desconocidas no se porque no carga el video a la primera, asi que den click en el titulo, para que cargue solo esta noticia y ahora si puedan ver el video sin ningun problema.
Y como diria Arlette Pacheco "Aqui nos toco vivir"







